La «reunionitis» es una enfermedad que aqueja a muchas organizaciones, y cuyos principales síntomas
son los plazos largos para la reacción ante los problemas y los siguientes comentarios de los
directivos:
– “Siempre estamos reunidos, ¿y cuándo trabajo?”
– “pero entonces, que se va a hacer”
– “yo ya no tengo tiempo para una reunión más”
Si no se trata la «reunionitis», provoca un sangrado de recursos y una incapacidad de la organización
para afrontar proyectos que puede desembocar en falta de competitividad y muerte.
Para tratar la «reunionitis» hay que seguir las siguientes pautas de comportamiento:
– A las reuniones no se va a pensar en conjunto, se va a decidir en conjunto
– Para decidir se necesitan datos, de los que se tienen que disponer previamente
– Detrás de cada decisión tiene que haber un objetivo. La ejecución de las decisiones y la
consecución de los objetivos se tienen que comprobar en las siguientes reuniones. Si no hay
ejecución o avance en los objetivos, hay que reaccionar
– Las decisiones se toman en conjunto pero cada ejecución tiene un solo responsable, que es
quien dará cuenta de ella (aunque tenga ayuda de los demás)
– Para cada acción a ejecutar tiene que haber un plazo
– Una reunión no puede durar más de una hora. Tiene que haber un líder de la reunión que se
preocupa de que se sigan estas pautas y que además no se sobrepasa el tiempo máximo
– El responsable de la reunión se ocupa de lo que se decide quede escritoA los dos meses de aplicar “estrictamente” estas pautas, los directivos empiezan a sonreír mas y la empresa a desplegar su capacidad de reacción. Si se abandonan, puede hacer una recaída.
Administra las pautas con firmeza pero con grandes dosis de cariño y de humor.

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